D.O. ALELLA

EL MARESME, TIERRA DE GRANDES VINOS

Seguramente, uno de los misterios más atractivos de los vinos de Alella es su propia existencia, en pleno Maresme, producto de unas pequeñas viñas, a veces ocultas a la mirada curiosa de los visitantes, que desde hace muchos años luchan por su supervivencia en una admirable y desigual batalla contra la expansión de la gran área urbana. No siempre ha sido así, ya que los vinos de Alella tienen una larga historia y una importante significación en la vinicultura catalana. Conocidos y estimados ya en la época romana, los citan Plinio y Marcial como vinos laietans. Los vinos alellenses eran, en plena Edad Media, los preferidos en la sede barcelonesa, para convertirse más tarde en uno de los vinos de calidad más exportados desde Cataluña a todo el mundo, con particular incidencia en las colonias de ultramar donde había abundante población de catalanes. La Denominación de Origen Alella una de las más pequeñas y también de las más antiguas de la Península Ibérica, se ha ido modernizando, ha incorporado nuevas técnicas y nuevos sistemas de cultivo y de elaboración, manteniendo pero el criterio que sólo en la calidad y en una fuerte personalidad, los vinos de esta comarca vitícola pueden encontrar su verdadera dimensión universal. Situada al norte de Barcelona y ocupando una superficie de unas 230 hectáreas, la configuran dos comarcas, el Maresme en la orilla del mar y, en el otro lado de la Cordillera Litoral, el Vallés Oriental, cada una con su propia personalidad y con el cultivo de la vid como nexo de unión, que se remonta, en ambos casos, a la época romana. Entre la tradición y la urbanidad, en Alella las viñas se dejan mecer por la brisa marina, mientras arañan terreno y hunden sus raíces en unos suelos que permiten un buen drenaje y retienen la radiación solar. Un clima plenamente mediterráneo en la parte que bordea la playa convive con un microclima más continental en la banda interior. La cordillera Litoral frena los vientos y condensa la humedad del mar.

Esta pequeña zona ha provisto históricamente de vino el mercado de Barcelona, ​​y durante siglos ha presidido las mesas de los acomodados barceloneses. Los vinos blancos son los más característicos de Alella, secos o dulces, elaborados principalmente con pansa blanca. Son ligeros, perfumados y cristalinos. Los rosados ​​son frescos, aromáticos y ligeros. Se elaboran con garnacha, también con pansa rosada y Merlot. Los vinos tintos son afrutados y suaves, y se elaboran principalmente con garnacha tinta.

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